El Hombre biónico está aquí




PEQUEÑA RESEÑA

En 1976, el escritor Isaac Asimov escribió El Hombre Bicentenario, un relato acerca de un robot de forma humanoide que de a poco asimila como propio el mundo de los humanos hasta llegar al punto de desear ser reconocido como uno de ellos.

En la adaptación cinematográfica homónima -presentada en 1999 y protagonizada por Robin Williams-, se describen todas las aventuras de este particular ser para lograr su cometido, incluyendo un proceso quirúrgico donde reemplaza sus sistemas electrónicos por órganos artificiales, incorpora piel, ojos y hasta un corazón para ser más humano y lograr el reconocimiento de la sociedad. Hoy, 37 años después de la obra de Asimov, la realidad alcanza a la ciencia ficción con la presentación al mundo de Frank, el primer hombre biónico.

Comparable con Frankenstein, del que los científicos tomaron su nombre, Frank está compuesto por 28 piezas diferentes de prótesis. Para sus brazos, éstas fueron desarrolladas por Touch Bionics, empresa que creó una de las manos biónicas más avanzadas del mundo y cuyo portador es Bertolt Meyer, un psicólogo social de la Universidad de Zurich. Esta mano posee gran capacidad de agarre, giro de muñeca y motores independientes por cada uno de sus dedos.

Sus piernas se componen de tobillos y pies robóticos creados por BiOM en Bedford, Massachusetts, y diseñados por el bioingeniero Hugh Herr del Media Lab en el Instituto de Tecnología (MIT). Sin embargo, para poder caminar, Frank utiliza un exoesqueleto llamado Rex, que fue creado por Rex Bionics, de Nueva Zelanda.

Pero caminar y asir cosas no es lo único que Frank puede hacer. Su sistema incluye un conjunto de órganos artificiales como un corazón, pulmones y tráquea, páncreas, el bazo, riñones y todo un sistema circulatorio funcional con sangre artificial. Además, cuenta con prótesis retinal que le permite ver; implantes cocleares que le ayudan a escuchar; y un sistema de reconocimiento de voz y reproducción del habla.

Para que Frank fuera capaz de articular palabra, los ingenieros lo equiparon con un programa de chat sofisticado que le permite mantener una conversación con una persona. Lo único de lo que carece este hombre biónico es de un estómago, un hígado, intestinos y cerebro, ya que son órganos muy difíciles de replicar.

Por último, su rostro también está hecho a partir de una prótesis, pero lejos de parecerse a un exterminador, Frank tiene un fuerte parecido a Meyer, ya que él fue la inspiración para crear este robot de un millón de dólares. Increíble, ¿no?

La presentación del hombre biónico realizada en la ComiCon de Nueva York en Estados Unidos despierta algunos cuestionamientos de índole éticos y filosóficos a su alrededor. Al igual que en El Hombre Bicentenario, surgen nuevas preguntas sobre qué significa ser humano y qué tan lejos puede el hombre llegar para mejorar su cuerpo y prolongar su vida la mayor cantidad de tiempo posible. El hombre biónico estará en exhibición en el Museo Nacional Smithsoniano de Aire y Espacio en Washington.




Posiblemente seas más inteligente y poco fiable si te acuestas tarde

El mundo se divide en dos clases de individuos: los que no son personas antes del primer café de la mañana y los que sí. Una diferencia baladí en la que reparó el psicólogo de la London School of Economics, Satoshi Kanazawa, para enfocar un interesante estudio.

En ciencia, este fenómeno se atribuye a los llamados ritmos circadianos, los ciclos de 24 horas que regulan nuestro reloj biológico en periodos de sueño y vigilia. Lo normal es que el tiempo de sueño en un ser humano comience a medida que se apaga la luz solar, ya que por naturaleza somos animales diurnos. En esta fase el cuerpo entra en modo «ahorro de energía»: la temperatura corporal desciende y dejamos de segregar hormonas. Progresivamente vamos apagando nuestros sistemas. Dejamos de estar en alerta, disminuyen los reflejos, nos volvemos torpes, llegando al mínimo de actividad entre las 3 y las 6 de la madrugada.

Estos ritmos se autoregulan si respetamos una rutina acorde con nuestros hábitos vitales. Sin embargo, cuando un individuo no puede descansar respetando lo que dicta su reloj interno, los ritmos circadianos se desregulan, perdiendo una parte importante de nuestras capacidades físicas y mentales

Nocturnos y diurnos
Recientes estudios han descubierto que hay personas que se salen de la norma. Por un lado están las aves nocturnas, cuyos ciclos circadianos son más largos de lo habitual. Según explican los investigadores Ibcia Santibáñez Lara y Jorge Sánchez Vega, los «noctámbulos» tienen desplazados los periodos de sueño y sienten la necesidad de acostarse más tarde, cerca de las 2 de la mañana.

Además, a diferencia de los demás seres humanos alcanzan el climax de su actividad y en general son más productivas y más creativas pasada la medianoche. Si se les obliga a llevar ritmos muy matutinos y a levantarse temprano, es probable que atraviesen periodos de somnnolencia excesiva y les cueste arrancar por la mañana, ya que su ritmo natural las hará levantarse espontáneamente pasadas las 10 de la mañana.

Por otra parte, las personas con un ciclo circadiano «adelantado» se levantan espontaneamente entre las 5 y las 6 de la mañana y rara vez se acostarán más tarde de las 11 de la noche. Estas personas tienden a hacer las tareas que requieran más esfuerzo físico y mental por las mañanas, y su ritmo de producción decae a lo largo de la tarde. Si se obliga a estas personas a trabajar en turnos nocturnos es probable que no se adapten con facilidad al ritmo y pierdan eficacia en sus tareas diarias.

Irracionales, inteligentes y poco fiables
Investigaciones posteriores han descubierto que existen paralelismos entre los hábitos de sueño y la personalidad. En ese sentido, el investigador de la London School of Economics, Satoshi Kanazawa, descubrió que los «trasnochadores» o «aves nocturnas» en general tienen un coeficiente intelectual por encima de la media.

La conclusión que extrajo el equipo de Kanazawa es que estas personas están más adaptadas a los tiempos modernos y han abandonado las costumbres de nuestros ancestros, por ser seres más complejos y evolucionados. Sin embargo, los noctámbulos son también más irracionales y en general poco fiales en sus reacciones y conductas. Por contra y según demuestra un estudio de 2008 dirigido por la psicóloga Marina Giamnietro, los diurnos, son más ordenados y es poco habitual que desarrollen trastornos de la personalidad como depresiones o adicciones.

Curiosidad sobre la planta carnívora de montaña de Borneo

La planta carnívora de montaña de Borneo tiene una suerte de boca o cántaro que tiene el mismo tamaño del cuerpo de la musaraña de árbol. Lo natural sería pensar, como de hecho de ha sucedido hasta ahora, que esta forma responde a un objetivo: comerse al animal. Pues bien, de acuerdo con un estudio que ha sido publicado en la revista científica New Phytologist, el objetivo de tal boca es comer sí, pero no a las musarañas sino sus excrementos.
Podríamos decir que la planta estaba diseñada para ser una especie de inodoro para musarañas pero terminó convirtiéndose en un depredador. Un fin menos indigno, quizá. Cómo ocurrió este desliz quizá se explique precisamente así: con un desliz del animal, un corrimiento de pata que hizo que terminase dentro de la planta. Sin embargo, esto nos recuerda el caso de otra planta de Borneo, la sarracenia, de la cual se ha dicho que florece cuando es usada como inodoro.
Se cree que la Nepenthes rajah es la planta carnívora más grande del mundo. Se creía que tenía ese cántaro tan grande para engullir a los animales que atraía con una sustancia. Sin embargo, el doctor Charles Clarke, experto en plantas carnívoras del campus de la Universidad Monash en Malasia, nunca había visto a un animal atrapado dentro de la planta, así se preguntó si realmente ese era el objetivo de aquel cántaro: que los animales cayesen en él, se ahogasen en el líquido que suele contener y luego fuesen engullidos.

Los estornudos supuestamente dependen del idioma que hables

Charlie Swinbourne es un periodista que tiene una pérdida auditiva considerable, en una de sus publicaciones califica  el “achus” que normalmente hacemos al estornudar como “Uno de los 10 principales
hábitos fastidiosos de las personas oyentes”.

Su artículo causó un gran revuelo, pero ¿en que se basa este hombre para afirmar tal cosa?

El afirma que las personas sordas no hacen ningún sonido cuando estornudan, mientras que las personas que tienen perfectamente su sentido del oído lo hacen siempre, pero el sonido no es universal, depende del idioma que hables cambia;

Castellano: achís
Inglés: achoo
Frances: atchoum
Japones: hakashun
Filipinas: ha-ching
Portugués: atchim
Alemán: Hatschi

Para las personas con una gran pérdida auditiva  “un estornudo es lo que debe ser… algo que simplemente sucede. (Hay) una respiración profunda cuando ocurre la inspiración previa al estornudo, seguido por un sonido más nítido, veloz, cuando el aire es liberado”, afirma Charlie